Dejó profundas huellas en mi camino, huellas que recogí en un zurrón. La última estaba entre mis propias vísceras y por
primera vez, acá, dentro de mí, desplegué lo reunido. Caracolas con mar, dos alas de ángel, una foto en blanco y negro,
puñales, lluvia, esmeraldas, balas de plata y un ramo de flores lila.
Desde acá, desde entonces, escribo.
Nosotros somos eternos, Macedonia ediciones, Buenos Aires, 2016
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